Acabarán mis
huesos roídos por la sombra
y nadie me
escuchará ya
nadie me prestará
atención entonces
ni siquiera los
dos pelagatos de ahora
mis coyunturas
cegadas por la luz
mis ojos
aspergidos de tristeza
Tan relamidos los
sobacos
como
protuberantes las sienes
roídos por la
sombra mis huesos
por un olvido más
denso que piche
por una capa de
roca espesa
por un muro hecho
con mis huesos
que saben a
sombra y a asfalto
navegaré por ese
espacio oscuro
en una nave de
uñas y cartílagos
cuando ya mi
nombre ni exista
y se pierdan mis
palabras en los vientos
roídos mis huesos
por sombra y tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario