domingo, 9 de junio de 2013

LIII


Acabarán mis huesos roídos por la sombra
y nadie me escuchará ya
nadie me prestará atención entonces
ni siquiera los dos pelagatos de ahora
mis coyunturas cegadas por la luz
mis ojos aspergidos de tristeza
Tan relamidos los sobacos
como protuberantes las sienes
roídos por la sombra mis huesos
por un olvido más denso que piche
por una capa de roca espesa
por un muro hecho con mis huesos
que saben a sombra y a asfalto
navegaré por ese espacio oscuro
en una nave de uñas y cartílagos
cuando ya mi nombre ni exista
y se pierdan mis palabras en los vientos
roídos mis huesos por sombra y tiempo.

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