jueves, 27 de diciembre de 2012

Esperanza


Un niño nació un día
como nacen todos los niños
llorones y sucios
y yo me apergamino hoy un poco
porque yo también he nacido
con lágrimas y mugre
pero acomodado en mi domicilio
apostado tras una cuenta bancaria
desesperanzado hasta el hueso
pues hoy ha nacido un niño
todos los días nace un niño o dos
y mi padre es de corazón renovado
alguien se casa en alguna parte
alguien almuerza níscalos en Madrid
y me soy menos de alpargata
porque olvido mi desesperanza
sólo porque un niño nació un día
aunque ya lo dijo Mohammed
Dios no tiene hijo
aunque un niño nació un día
y las flores son espirales de color
y el miedo se olvida
y el dolor se carameliza
en una pasta agridulce
Recuerdo mi esperanza
porque un niño nació un día
un hijo de un hombre cualquiera.

domingo, 23 de diciembre de 2012

XXXIV


Cuál es el destino de la rosa?
Cuáles las promesas de los vientos?
De qué sirve la altanería
si no hay trono para el genio?
Y a qué esos tristes alcázares
en proximidad de los rosales
No somos los hombres diestros
dotados de manos efímeras
que escriben en tinta invisible
las incursiones de las nubes
No son los dedos el súmmum
de aquellas garras contrahechas
que arañaron la espalda de la rosa
No sea la pezuña diente
entre los remiendos del alba
y no cante el ruiseñor esa orgía
en ese lecho dormimos todos
hechos un ocho de alborozo.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Una ilusión


Me quiebro en tu rodilla
como en una cúspide de iluminación
me araño en tu lengua
como en la rasposidad de un seno de nutria
y soy más de pie más erguido
que la palabra que me negó
que ese monosílabo rasposo
que sabe a sal en la herida
que huele a almizcle y es denso
como densa es tu mirada si callas
y aún más si me niegas,
antes tu palabra no era dura
tus gestos contrarios a la ilusión
pero reviraste el labio
y amaste el olvido de nosotros dos
que pasaran las telarañas sobre nuestras cabezas
encaneciendo un amor luminoso un día
Mi única ilusión es que alguna vez
te niegues a ti misma
como un día me negaste a mí.

lunes, 10 de diciembre de 2012

XXXIII


No importa el abatimiento
el frío en las palabras
lo perdono todo
la hora aciaga
y el monstruo minúsculo
lo perdono todísimo
no hay en mí partícula
que no pueda perdonar
perdono hasta a Dios
por ser quien Él es
y su tamaña incertidumbre
perdono el flujo de las palabras
del hombre esmirriado
la puerilidad de la mujer alegre
los dados del diablo perdono
que ha jugado con tabas
hasta en nuestras muertes
me perdono a mí mismo
y mi estúpida manía
de ir dorando palabras.

domingo, 2 de diciembre de 2012

XXXII


Suavecito, suavecito
me corres por la oreja
tu saliva la dejas
en mi epidermis
como la baba de un amor húmedo
como una rabia de un tronco solo.
Me golpeas, me goleas
suavecito, suavecito
con tus tiernos algodones
con tus afelpadas manos de lana
y siento el hierro de lo blando
la mullida tenaza de la carne
Me espoleas, me espoleas
con espuelas de blanda gasa
con alfileres de goma espuma
suavecito, suavecito
te vienes a mi casa
hecha un ocho de desparpajo
toda de túnicas y raso.