No importa el
abatimiento
el frío en las
palabras
lo perdono todo
la hora aciaga
y el monstruo
minúsculo
lo perdono
todísimo
no hay en mí
partícula
que no pueda
perdonar
perdono hasta a
Dios
por ser quien Él
es
y su tamaña
incertidumbre
perdono el flujo
de las palabras
del hombre
esmirriado
la puerilidad de
la mujer alegre
los dados del
diablo perdono
que ha jugado con
tabas
hasta en nuestras
muertes
me perdono a mí
mismo
y mi estúpida
manía
de ir dorando
palabras.
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