lunes, 10 de diciembre de 2012

XXXIII


No importa el abatimiento
el frío en las palabras
lo perdono todo
la hora aciaga
y el monstruo minúsculo
lo perdono todísimo
no hay en mí partícula
que no pueda perdonar
perdono hasta a Dios
por ser quien Él es
y su tamaña incertidumbre
perdono el flujo de las palabras
del hombre esmirriado
la puerilidad de la mujer alegre
los dados del diablo perdono
que ha jugado con tabas
hasta en nuestras muertes
me perdono a mí mismo
y mi estúpida manía
de ir dorando palabras.

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