domingo, 23 de diciembre de 2012

XXXIV


Cuál es el destino de la rosa?
Cuáles las promesas de los vientos?
De qué sirve la altanería
si no hay trono para el genio?
Y a qué esos tristes alcázares
en proximidad de los rosales
No somos los hombres diestros
dotados de manos efímeras
que escriben en tinta invisible
las incursiones de las nubes
No son los dedos el súmmum
de aquellas garras contrahechas
que arañaron la espalda de la rosa
No sea la pezuña diente
entre los remiendos del alba
y no cante el ruiseñor esa orgía
en ese lecho dormimos todos
hechos un ocho de alborozo.

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