Qué linda era la
cojita
sin bastón ni
arrimo
ella sola ante el
mundo
venía con sus
hermanitos
comprar al kiosco
de la esquina
qué linda era la
cojita
de ojos grandes y
penetrantes
de caderas
bailonas
pues su vida era
un eterno baile
y ella sabía el
contrapunto
al orzamento de
su cojera.
Qué linda era la
cojita,
qué linda y qué
bella era
en seguida
encontró novio
que bailase a su
vera
y se fueron a
vivir al campo
lejos de miradas
traicioneras.
Y yo me quedé sin
mi cojita
ni por el kiosco
ni por la Alameda,
ahora pienso que
las cojas son las otras.