viernes, 7 de junio de 2013

LII


Yo que hablo tantas lenguas
no soy capaz de hablar la tuya
no sé entender tus palabras
me falta el peso de tu verbo
Yo que tanto conjugué y decliné
no sé extraer jugo de tu voz
no siquiera acíbar de tu lengua
pues eres para mí un idioma
desconocido inimaginable y estéril
eres para mí la lengua ociosa
de un mundo en el que no desperté
mujer, no me hables tan quedo
tan enrevesado
quizás es que nunca entendí el amor

y por eso no percibí tu voz
ni su coraza de amianto
o es que tal vez nuestras alas
promuevan diversos deseos
las tuyas para el mundo
las mías hechas para el cielo.

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