Me grapo el ojal
de la levita
tan astringido
que no reconozco
tan viscoso que
no peso
y tan por fuerza
por fuerza
que me abstengo
del sexo
de la vitualla de
carne
Vuelan las flores
de humo
en una habitación
de antaño,
en un entrecerrar
de párpados
se me llenan las
manos de minutos
las cuencas de
los ojos
se vacían de
espantos
y mi culo yace
plegado
totalmente
extático
escanciando un plegaria
de dos voces y
tres pechos
como una boca
entreabierta
que respira los
males del mundo
los mil pasos de
máquina
que sólo han de
morir más tarde
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