sábado, 12 de enero de 2013

XXXXVIII


Me grapo el ojal de la levita
tan astringido que no reconozco
tan viscoso que no peso
y tan por fuerza por fuerza
que me abstengo del sexo
de la vitualla de carne
Vuelan las flores de humo
en una habitación de antaño,
en un entrecerrar de párpados
se me llenan las manos de minutos
las cuencas de los ojos
se vacían de espantos
y mi culo yace plegado
totalmente extático
escanciando  un plegaria
de dos voces y tres pechos
como una boca entreabierta
que respira los males del mundo
los mil pasos de máquina
que sólo han de morir más tarde

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