miércoles, 2 de enero de 2013

XXXV


La piedra cayó al pozo
como el ansia al cielo
y las salpicaduras se incrustaron
en las cachas de los libros
en los nácares de rebozos
y todo como piedra atada al cuello
como escabel que sube las aguas
hecho de peldaños de alas
una vaga incerteza al fondo
como una pupila que mira desde el cielo
perdida en las telarañas de un arco iris
y yo cayendo cayendo en picado
sin más asidero que una pluma
sin más cobijo que en Dordrecht
sin más arrimo que una risa
que por otra parte está perdida
irremisiblemente oculta en los remolinos
de esta triste agua en que me anego
pues yo también caí al pozo
como la piedra atada al cuello

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