La piedra cayó al
pozo
como el ansia al
cielo
y las
salpicaduras se incrustaron
en las cachas de
los libros
en los nácares de
rebozos
y todo como
piedra atada al cuello
como escabel que
sube las aguas
hecho de peldaños
de alas
una vaga
incerteza al fondo
como una pupila
que mira desde el cielo
perdida en las
telarañas de un arco iris
y yo cayendo
cayendo en picado
sin más asidero
que una pluma
sin más cobijo
que en Dordrecht
sin más arrimo
que una risa
que por otra
parte está perdida
irremisiblemente
oculta en los remolinos
de esta triste
agua en que me anego
pues yo también
caí al pozo
como la piedra
atada al cuello
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