La herida está
caliente
serruchan los
grillos
y sabe la sien a
ceniza
Aún te veo
encaramado en la guataca
pulsando la
guitarra
o soltando la
plomada
te veo en las
cosas de tus manos
en la labor
imparable de tus pupilas.
Te veo en mi
herida caliente
en tu aliento
dificultoso
y es como verme
niño
y es como verte
niño aún
cosa que no vi
jamás, o sólo en fotos.
Tú me has dado la
palabra
como Dios dio los
grillos
o el croar de las
ranas,
como Dios ha dado
las palabras
tú me diste la
palabra mía
y un testamento
que nos ilumine.
“Me siento feliz,
dijiste
al helársete los tobillos,
me voy más
contento que Gila,
no me quejo de
nada,
estoy satisfecho
de haber vivido.”
Te tomo la
palabra, papá,
y quiero estar
contento como tú.
Pero, ay, hoy mi
herida caliente
se anega en tu herida fría.
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