Como si lo que
hago se esparce
tal una avena
fina
a los cuatro
confines del mundo
y yo en mi
ombligo
en esta Dordrecht
que es mi tesoro
a la vez que mi
soterrada prisión
Escancio un plomo
duro
un aluminio que
no debería estar ahí
taponando el
agujero y las venas.
La luz de la luna
pesa
mis párpados se
agobian
presiento el
instante
aunque sé que
nunca llegará
y la mecha arde
del cohete
con levedad y
osadía
para hacerme
contemplarla
para remirarla y
aullar
como un lobo en
celo.
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