domingo, 2 de septiembre de 2012

XXVIII


Como si lo que hago se esparce
tal una avena fina
a los cuatro confines del mundo
y yo en mi ombligo
en esta Dordrecht que es mi tesoro
a la vez que mi soterrada prisión
Escancio un plomo duro
un aluminio que no debería estar ahí
taponando el agujero y las venas.
La luz de la luna pesa
mis párpados se agobian
presiento el instante
aunque sé que nunca llegará
y la mecha arde del cohete
con levedad y osadía
para hacerme contemplarla
para remirarla y aullar
como un lobo en celo.

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