Según un poema de un tal Olisbus
Ayuda, Dios, a saciar mi sed
que escarba bien adentro
que se me sale por las comisuras del ombligo
por los labios del difunto
boca abajo, en desesperación
tú, mi dios.
el Dios de todos
o acaso de nadie…
Regálame dos segundos,
sólo dos,
en que seamos iguales
y yo toque el cielo
y tú mi barriga
No hay dudas
también existes
en el eco de un susurro
entre uno y otro espejo.
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